Fiestas Populares

            Guia de FIESTAS populares

El Carnaval de Cádiz es uno de los más famosos de España y del mundo, por lo que ha sido reconocido como de Interés Turístico Internacional.

Historia

Para aclarar el origen del Carnaval los estudiosos remiten hasta precedentes de distintas civilizaciones que, sin usar el mismo concepto de la fiesta, han manejado objetos y utensilios similares a los que se usan en Carnaval, y recuerdan el origen remoto que pueden suponer las bacanales (fiestas en honor de Baco), las saturnales (al Dios Saturno) y lupercales (al Dios Pan), celebraciones que se conocieron tanto en la antigua Grecia como en la Roma clásica.

Sin embargo, parece ser que: El Carnaval de Cádiz, es un hijo, aunque sea pródigo, del cristianismo; mejor dicho sin la idea de la Cuaresma no existiría en la forma en que ha existido desde fechas oscuras de la Edad Media Europea".

Se lo relaciona también con los ritmos del tiempo, con la percepción cualitativa del tiempo. El cristianismo establece "un orden" pasional del tiempo", en el que los momentos de alegría y tristeza se alternan cronológicamente, según sea tiempo de prohibiciones o tolerancias, asimilados por el cristianismo.

El Carnaval es una consecuencia de la concepción simple del tiempo que adopta el cristianismo. Una concepción ajustada a los ciclos vitales y de las cosechas.

Su principal significación es que autoriza la satisfacción de todos los apetitos que la moral cristiana, por medio de la Cuaresma, refrena acto seguido. Pero al dejarlos expansionarse durante un periodo más o menos largo, la moral cristiana reconoce también los derechos de la carne, la carnalidad. El Carnaval encuentra así, además de su significación social y psicológica y su función equilibradora en todos los aspectos resulta evidente.

Pero sin duda con el transcurso del tiempo distintos aspectos se han ido marcando con mayor profundidad hasta alcanzar en Cádiz una fiesta distinta.

En el proceso de su propia definición el Carnaval gaditano toma peculiaridades del italiano, explicable por la influencia fundamentalmente genovesa que Cádiz conoció desde el siglo XV, tras el desplazamiento hacia el Mediterráneo de los turcos, los comerciantes italianos se trasladan a Occidente, encontrando en Cádiz un lugar de asentamiento perfectamente comunicado con los objetivos comerciales que los genoveses buscaban: el norte y centro de África.

En 1523, Carlos I había prohibido en absoluto las máscaras.

Estas noticias, indirectas si se quiere, sobre la fiesta de Carnaval, viene a confirmarnos que ya a finales del siglo XVI los carnavales debían tener arraigo entre los gaditanos. En 1637, un documento reconoce la impotencia del poder civil ante la celebración popular. Una carta del

General Mencos fechada en Cádiz a 7 de febrero de 1652 en la que se queja de que los trabajadores gaditanos se negaban a reparar su barco por estar en "Carnestolendas". A partir del siglo XVIII se reiteran frecuentemente las órdenes intentando desterrar el Carnaval.

Los antifaces, las caretas, las serpentinas, los papelillos (confeti) son otros tantos elementos que se asimilaron del carnaval italiano.

Durante la guerra, cuando Francisco Franco estaba en la batalla del Ebro en 1938, publicó su decreto de prohibición del Carnaval. En Cádiz, sin embargo, la prohibición no llegó a ser tal; la fiesta se siguió celebrando a escondidas, puesto que en la situación política del momento, no era lo más idóneo dar mucha publicidad a lo que realizaban.

Y como un dicho asegura que no hay mal que por bien no venga, el Carnaval de Cádiz existe gracias a la explosión del depósito de minas de San Severiano, ocurrida en 1947. Vistió a medio Cádiz de luto. Llevó la tristeza a la ciudad de la alegría. Tanto, que el gobernador civil, Carlos María Rodríguez de Valcárcel, pensó que había que levantar los ánimos. Los viejos carnavaleros le habían mostrado su deseo de volver a sacar un corito en alguna velada de verano. Y así fue cómo se permitió, fuera del Carnaval, en las fiestas del verano, que aquel coro de veteranos volviera a cantar viejos tangos. Había garantías políticas. Entre los coristas figuraba Joaquín Fernández Garaboa, El Quini.

Y tanto levantaron los caídos ánimos de Cádiz los coristas con sus viejos tangos de Los Claveles, y tanto gustó el género a Rodríguez de Valcárcel, que el gobernador se las ingenió para recoger el sentir popular, apoyar la iniciativa municipal y conseguir que el gobierno de Madrid permitiera una resurrección del Carnaval según la ideología dominante. El espíritu de la ciudad se impuso de tal forma que fue disfrazado el propio Carnaval, con el tipo ocasional de Fiestas Típicas Gaditanas. A los coros se les consentía salir, pero poco menos que en la estética de coros y danzas. Por supuesto que sin máscaras en la calle y sin disfraces en el pueblo, sólo en las agrupaciones. En el dirigismo cultural de la época, fueron unas fiestas más del Ayuntamiento que del pueblo, que las insertó en una estética entre Juegos Florales y Fiesta de la Vendimia, con reina de las fiestas, que era siempre la hija de un ministro, y cabalgatas como las que don José León de Carranza, el gran impulsor, junto con el concejal Vicente del Moral, había visto en Niza.

Gracias a las Fiestas Típicas el Carnaval se salvó y vivió una de sus etapas de mayor esplendor. Quirós, Paco Alba, superan en calidad al Carnaval anterior a la guerra. Se las llevaran a mayo. Se produjo la universalización del Carnaval, con agrupaciones que gustaron a toda España, recuérdense Los Beatles de Cádiz de Enrique Villegas.

Como no podía ser de otro modo, con el salero de esta tierra, el 5 de febrero de 1978 a las cinco y cuarto de la tarde comenzó el entierro de las Fiestas Típicas Gaditanas. Acto auspiciado por el coro La guillotina. Encabezaba el desfile fúnebre, que revistió la mayor seriedad por parte de sus participantes, una pancarta con la inscripción: -Entierro de las Fiestas Típicas R.I.P. ¡Ya era hora!, portada por dos miembros del coro vestidos de ciudadanos de la Revolución Francesa. Seguían dos tambores que, durante toda la marcha estuvieron sonando con redoble a la funerala. También dos miembros del coro que portaban una especie de incensario, uno, y otro un mortero de cocina a modo de hisopo.

Después, cuatro verdugos portaban el féretro, sobre el Que se colocó el martillito clásico de las antiguas fiestas, sobre la inscripción R.I.P. la caja llevaba adosada a ambos lados seis coronas fúnebres, con las inscripciones: -Un concejal in memoriam-, -Vicente no te olvida-, -Pepiño con amor-, -El látigo Macareno, -De tus amigas las casetas- y -El Quini no sabe si olvidarte-. Cuatro soldados de la Revolución, con las bayonetas a la funerala acompañaban a la caja. Seguían el duelo mujeres de riguroso luto, que estuvieron llorando todo el trayecto, portando algunas de ellas velas. Inmediatamente después marchaba un prelado, el director del coro patrocinador del acto y tres representantes de las autoridades. Los músicos de la agrupación formaban tras ellos, interpretando con sus pitos marchas fúnebres y sones de Carnaval. Eran seguidos por el resto del coro y por un grupo bastantes numeroso de máscaras. Cuatro soldados cerraban el desfile.

Numeroso público se congregó para ver pasar el entierro, aplaudiendo en ocasiones y demostrando Su aceptación a la idea de La guillotina.

Los espectadores rieron con ganas, comentándose que el cortejo corresponde a lo que debe ser el Carnaval y también. mostrando su solidaridad con el motivo de la marcha: enterrar aquellas Fiestas Típicas Gaditanas, que no eran ni lo uno ni lo otro

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